
Durante una época dejó de ser ella, se dejo atar las muñecas y le cosieron los labios con lazos color carmesí. Perdió el brillo de sus ojos y el color rosáceo de sus mejillas era de un morado intenso que mostraba el frio que le calaba los huesos, y el alma. Al ver su reflejo en el espejo se sintió vacia, sintió que las maravillosas ideas que brotaban antes de su mente se habían ahogado es copas de Moet Shandon, y sus poemas habían sido estrangulados con perlas naturales chinas.
Se frotó la cara y empezo a gritar rasgando sus labios sin importarle nada más que su libertad.
Y respiró.