
Heridas infantes en las rodillas,
en los codos.
Dolores de reir a carcaja limpia,
sin palabras manchadas,
sin lagrimas que las limpien.
Miradas ausentes,
y miradas penetrantes,
de ternura,
de pasión.
Caricias en la cara,
en la mia,
en la tuya,
nuestras.
Mi boca que recorre tus estrofas,
y las recita en silencio.
Mis dedos anudados en tu pelo,
que lo enredan,
que me enredan...y yo me dejo.