domingo, 13 de septiembre de 2009

Retales del diario de la abuela Natalie

LLevaba años soñando con que las cosas cambiasen, con que las mentes se abrieran, y poco a poco se iba logrando. Todos estos cambios se basaban en el esfuerzo de muchos y aveces por desgracia el disfrute de unos pocos, pero bueno siempre oías el topico de que el beneficio se iría extendiendo, puede que tenga qu esperar demasiados años para ver si eso es verdad...
Esta mañana mientras desayunaba me han entrado unas ganas locas de llorar, siento que he explotado y me doy cuenta de que no soy lo suficientemente fuerte como para seguir con todo esto, tengo mi limite y estoy empezando a sobrepasarlo. Mientras las lagrimas empezaban a caer por mi cara empecé a imaginar que él me la acariciaba, como en nuestros mejores años, pero enseguida recordé que eso ya no pasaba... esas lágrimas son las que hacen que lleve todo el día con el estómago revuelto, que tenga esa angustia que me anuda la garganta y no me permite probar bocado. Puede que esos cabezas huecas tengan razón cuando dicen que me involucro demasiado, que pongo mi corazón en todo y luego ese todo, me lo rompe.

3 comentarios:

Hollie A. Deschanel dijo...

Pero es que tenemos que arriesgarlo todo, sino, no funcionaría nada. ¡Muás de melocotón!

El perrito que reía dijo...

Ya llegará otra persona que te limpie las lágrimas, pero no hagas caso a los que dicen que te involucras demasiado.

Besetes.

Dara Scully dijo...

Como dice Cat, en estas situaciones solo se pueden hacer dos cosas. Si esa persona no te seca las lágrimas porque se ha muerto, entonces no querría que lloraras. Si no lo hace porque se ha ido, no merece que llores. Es así de sencillo.


¡un
miau
de
canela!